Ruta 66

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Kaleidoskope: sueños en tecnicolor lisérgico

Visto desde el gris presente, lo sucedido en Gran Bretaña a lo largo de la segunda mitad de los 60 adquiere, dentro del ámbito musical, las dimensiones de algo irrepetible. La valiente tentativa de cambiar la vida emprendida por una generación rebelde (su decidido afán de dejar atrás un mundo aciago edificado por los adultos y cimentado en sus insensatos valores; su lúcido deseo de explorar las dimensiones de lo posible, que se intuían felices, opuestas a la naturaleza desdichada de lo real; su irreprimible voluntad de crear nuevos modelos de relación interpersonal basados en el amor) tuvo una natural traducción sonora en el que, a nuestro juicio, fue el movimiento más creativo, innovador, audaz y rupturista de la música popular blanca del siglo XX.

El legado de lo que llamamos psicodelia británica conserva su  evidente capacidad de maravillar a quienes, al margen de las castradoras imposiciones de la omnipresente industria del adocenamiento, están dispuestos a prestarle atención. Ello explica el interés de los oyentes más inquietos de la era post-punk por la música de formaciones como los primeros Pink Floyd, The Move, Small Faces, Pretty Things, Tomorrow, Blossom Toes, The End, July o la Incredible String Band. Explica también la constante reedición de material de grupos como los citados anteriormente, pioneros de la cual fueron, en la década de los 80, sellos legendarios como See For Miles o Bam Caruso, y que hoy es liderada por la ejemplar compañía Tenth Planet.

KaleidoskopeLa mejor introducción a los innumerables logros artísticos del género es, en la actualidad, el cofre «Acid Drops, Spacedust & Flying Saucers», que EMI lanzó al mercado hace unos pocos meses. Sus cuatro estimables compactos ofrecen una adecuada panorámica de lo que aconteció musicalmente en el Reino Unido entre 1965 y 1969. Entre los más de setenta grupos y solistas representados en la mencionada caja figuran, no podía ser de otra manera, Kaleidoscope; una de las grandes formaciones psicodélicas de la época, si bien no en lo que a popularidad se refiere —en términos estrictamente comerciales, la trayectoria de la banda no fue sino una sucesión de fracasos—, sí, qué duda cabe, en el plano estético. Los discos que, como tales y como Fairfield Parlour, grabaron en su momento pertenecen a un selecto grupo de obras mayores concebidas y alumbradas en ‘’el mejor de los tiempos’’, donde también hallamos elepés tan célebres como «The Piper at the Gates of Dawn» (Pink Floyd), «The Who Sell Out» (The Who), «Odessey & Oracle» (The Zombies), «S.F. Sorrow» (The Pretty Things) o «Would You Believe» (Billy Nichols).

La excelencia del contenido de las diversas entregas que debemos al cuarteto, justifica que les dediquemos un merecido artículo, con la esperanza de que aquellos que todavía no han escuchado sus formidables canciones, presten atención a una música a la que con justicia consideramos ‘’mágica”.

COLORES Y FORMAS
La historia de Kaleidoscope se inició el año 1964, en Acton, zona del oeste de Londres, cuando tres adolescentes (Eddie Pumer, a la guitarra; Steve Clark, al bajo; y Dan Bridgeman, a la batería) crearon un combo de R&B llamado The Sidekicks. Pronto se sumaría a ellos un amigo de Eddie, Peter Daltrey, que entró en el conjunto en calidad de vocalista. Los chavales empezaron a tocar en cines locales y fiestas celebradas en clubs sociales para jóvenes, donde interpretaban números de artistas afroamericanos entonces en boga como Chuck Berry y Howlin’ Wolf. Con el tiempo, se dieron cuenta de que sólo llegarían a alguna parte si componían material propio, motivo por el que decidieron alejarse de sus modelos iniciales y estrenarse como autores de temas cuya música firmaba Pumer y cuyas letras corrían a cargo de Daltrey. El comienzo de una nueva etapa en el devenir del conjunto estuvo acompañado por un cambio de nombre en 1965. Desde ese año, funcionaron como The Key, llegando a compartir escenario con formaciones de renombre como Brian Poole & The Tremeloes o Sounds Incorporated.

En 1966, The Key grabaron algunas maquetas, los cortes de las cuales despertaron el interés de Dave Carey, que trabajaba para la editora de canciones Flamingo Music. Carey puso a los chicos en contacto con Dick Leahy, jefe de la sección de artistas y repertorio de Fontana/Philips.

Gratamente sorprendido con las composiciones del grupo, en enero de 1967 Leahy propuso al cuarteto la firma de un contrato destinado a unir a ambas partes. Ya como Kaleidoscope —la banda tomó su nuevo nombre del título de una de sus piezas, ignorando que, en los Estados Unidos, un combo californiano ya lo empleaba—, los músicos entraron inmediatamente en los estudios de grabación. Los primeros frutos de las sesiones que tuvieron lugar en ellos llegaron a las tiendas en septiembre de aquel año. Debutaron discográficamente con el sencillo «Flight from Ashiya/Holidaymaker», que contenía dos impecables muestras de pop psicodélico escritas por ellos, en las que era evidente la huella de la música de los Beatles, los Bee Gees y Donovan, pero que, con todo, gozaban de una indiscutible personalidad.

A pesar de las limitadas cifras de venta del 45 revoluciones precedente, en noviembre de 1967 vio la luz del día «Tangerine Dream», el primer álbum de Kaleidoscope. Dicha referencia puso al alcance del público las dos canciones ya conocidas y diversos cortes nuevos. En sus once piezas, el grupo desarrolló con excelsitud sus deslumbrantes intuiciones musicales, que aunaban pop, folk y vanguardia, en un cóctel decididamente colorista de acusada sensibilidad; fruto de la atenta escucha de los discos facturados por los artistas antes mencionados, y, también, de las primeras entregas de los Pink Floyd que encabezaba Syd Barrett. Asimismo, en lo que a textos se refiere, Peter Daltrey alumbró un peculiar universo poético habitado por personajes de cuentos de hadas para niños; creaciones propias de una tradición literaria inequívocamente inglesa, caracterizada por la fantasía y la imaginación. Puestos en el aprieto de tener que destacar algunos números del disco por encima del resto, nos quedamos con «Please excuse my face», «Mr. Small, the watch repairer man», «The murder of Lewis Tollani» y la extensa «The sky children».

Aunque respaldado por los medios —fue objeto de elogiosas críticas en la prensa y abrió a la banda las puertas de la BBC, para la que realizaron diversas sesiones, algunos cortes de las cuales fueron incluidos en un EP pirata que llegó a las tiendas en 1989—, el álbum no logró la repercusión pública esperada. Esta circunstancia explicó, en parte, el carácter más accesible de los siguientes lanzamientos del grupo: un par de notabilísimos sencillos que fueron publicados en 1968 y que, una vez más, no lograron funcionar a nivel comercial («A dream for Julie/Please excuse my face» y «Jenny Arti-choke/Just how much you are»).
Curiosamente, la pieza estrella del segundo de ellos fue grabada, aquí en nuestro país, por los reivindicables Fórmula V, quienes realizaron una lectura del tema ideal para guateques. También ese mismo año, Kaleidoscope actuaron en varios países europeos. En Holanda, por ejemplo, tocaron con Country Joe & The Fish, y, en el Montreaux Pop Festival, lo hicieron junto a Brian Auger, Blossom Toes y Arthur Brown.

En 1969, los integrantes del cuarteto vieron como Fontana les editaba dos nuevos singles («Do it again for Jeffrey/Poem» y «Balloon/If you so wish») y un segundo elepé («Faintly Blowing»). A estas alturas de su carrera, el sonido del grupo comenzó a alejarse poco a poco de la psicodelia y a acercarse a las nuevas texturas progresivas, aunque no perdió su impronta folk. Naturalmente, ello no debería convertirse en un obstáculo que impidiese a nuestros lectores disfrutar de canciones como la que da título al álbum, «Poem», «Snapdragon» o «Music». Lo cierto es que el disco estaba repleto de números especialmente inspirados, y constituyó una nueva muestra de la inagotable inventiva de sus autores.

LIQUIDACIÓN POR CIERRE
Con la llegada de 1970, el grupo tomó la decisión de pasar a formar parte del catálogo de Vertigo, la nueva marca progresiva de Fontana, para la que también grabarían formaciones tan interesantes como Affinity, Gracious o Magna Carta. El cambio de sello vino acompañado de la adopción de un nuevo nombre. Kaleidoscope pasaron a llamarse Fairfield Parlour, sin que este hecho implicase un cambio de rumbo estético. La discografía de Fairfield Parlour consistió, a la postre, en un sencillo («Bordeaux Rose/Chalk on the wall»), un EP («Just another day/Caraminda/I am all the animals/Song for you») y un álbum («From Home To Home»), todos editados aquel año, y en los que el cuarteto dio rienda suelta a su vena más melancólica e introspectiva, con resultados generalmente soberbios (escúchese canciones del mencionado long play como «Aries», «In my box» o «Emily»).

Durante el verano del año en que se hizo pública la separación de los Beatles, Fairfield Parlour fueron invitados a grabar el tema de la tercera edición del festival que se celebraba en la Isla de Wight. Bajo  el seudónimo I Luv Wight, registraron para Philips un 45 revoluciones con los cortes «Let the world wash in/Medieval masquerade», pero su accidentada aparición en dicho evento no modificó sensiblemente su escasa popularidad entre los jóvenes británicos. El último proyecto acometido por el grupo antes de su ruptura fue la grabación de «White Faced Lady», un fabuloso disco doble conceptual, vagamente inspirado en la trágica existencia de Marilyn Monroe, que, de manera incomprensible, Vertigo decidió no editar en su momento. Su definitivo lanzamiento en 1991 no hizo sino confirmar lo que ya sabíamos: que el cuarteto tiró la toalla cuando se encontraba en un estado de forma excepcional, al que sólo podían aspirar unos pocos elegidos.

Tras la disolución de la banda, Peter Daltrey ha sido el único de sus integrantes que ha continuado componiendo música. Desde mediados de los 90, ha firmado varios discos en solitario realmente estimables, que deberían interesar a los seguidores de Kaleidoscope. Eddie Pumer, por su parte, ha acabado ganándose la vida como ingeniero radiofónico, y, en 1995, pudo trabajar con Paul McCartney en «Oobu Joobu», la serie de este último para la radio americana. Steve Clark falleció en mayo de 1999, tras ser atropellado por un coche en Londres.

Afortunadamente, disfrutar de la obra de Kaleidoscope/Fairfield Parlour es algo que quienes nos leen podrán hacer sin demasiadas dificultades. Hoy en día, todos los discos del cuarteto están disponibles en CD, gracias a las editoras Repertoire, Si-Wan y Burning Airlines/NMC. Por otra parte, la antología «Dive Into Yesterday», publicada por Fontana/Mercury en 1996, es una excelente introducción a su legado. Ya para finalizar, recomendaremos a nuestros lectores echar un vistazo a la página de internet Sunnyside Circus: The Official Kaleidoscope & Fairfield Parlour Website (http://www.geocities.com/sunnysidecircus), que nos ofrece, entre otras cosas, una completa discografía del grupo y los textos de muchas de sus canciones.

Texto: Ángel Maeztu

Publicado en Ruta 178, diciembre 2001.

 

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