Ruta 66

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TOM WAITS - Tímido exhibicionista

Thomas Alan Waits (Pomona, California, 1949) es de esa clase de músicos con una personalidad dual. Por un lado, su carácter sombrío, huraño, en ocasiones le ha llevado a salvaguardar su vida privada mucho más allá de lo habitual en el mundo del rock, pero por otro, siempre ha mostrado un especial interés por el cine y todo lo que rodeaba al medio. No sabemos cuál será el motivo que le impulsa a una actividad marcada, evidentemente, por el exhibicionismo artístico, o quizá sí. Quizá Waits siempre ha necesitado, de alguna manera, hacer frente a ese carácter tímido y reservado, y quizá las cámaras son un medio perfecto para hacerlo. Puede que su música no fuera suficiente para sentirse bien como persona, para sentirse realizado. O quizá, simplemente, es un hobby. Extraño si nos atenemos a lo expuesto respecto a su carácter pero, al fin y al cabo, un hobby. La cuestión es que Waits sigue enamorado del cine, como demuestra su última aparición en la reciente «El Tigre Y La Nieve» de Roberto Benigni en la que, de manera inhabitual para lo que nos tiene acostumbrados últimamente, Waits se interpreta prácticamente a sí mismo en una breve pero intensa aparición. Su papel: cantar «You can never hold back spring», tema que se incluye, evidentemente en «Orphans», y más concretamente en el disco llamado «Bawlers». Giremos la vista atrás y observemos.

El cine no sólo le sirvió a Waits para crecer como artista sino que, de alguna manera, también se convirtió en una especie de tabla de salvación ante una situación personal, con sus consecuentes secuelas físicas, prácticamente lamentable. El alcohol estaba pudiendo con él cuando apareció el cine. La primera intervención reseñable de Tom Waits ante las cámaras se produce en 1978, curiosamente con el oscarizado Sylvester Stallone como director. «La Cocina Del Infierno» no fue más que un pasatiempo para el músico pero le permitió que, por primera vez, una canción suya, «Annie’s back in town» apareciera destacada en la banda sonora de un producto hollywoodiense. Casi al mismo tiempo, Robert Altman utilizó también música suya para «A Wedding» y, poco más tarde, Nicolas Roeg utiliza «Invitation to the blues» para su «Bad Timing», aunque en ninguna de ellas Waits aparezca como actor. Pero será en 1981 cuando el viejo Tom se quede enganchado del séptimo arte, en el más amplio sentido de la palabra. Ese año se casa con su inseparable, a día de hoy, Kathleen Brennan, que jugaría un papel importantísimo tanto en sus futuros discos como en su carrera en el cine. Brennan era actriz y estaba muy ligada a ese mundo que atraía tanto a Waits. Además, para completar el círculo, ambos se conocieron en una fiesta de Hollywood. Ese mismo año, Tom aparece interpretando a un pianista borracho  en «Wolfen» de Michael Wadleigh y, como siempre, incluye un tema en la banda sonora, en este caso «Jitterbough boy».

El siguiente, y quizá el más importante para su realización total como cinéfilo convertido, se produce ese mismo año o poco antes —la fechas exacta es incierta— cuando su futuro gran amigo Francis Ford Coppola le propone hacerse cargo de la banda sonora, esta vez al completo, de «One From The Heart», aquí «Corazonada» (1982). Waits se implica de tal manera en el trabajo que llega a asustar a sus amigos. El músico duda e incluso llega a declarar: ‘’No sé si lo hice bien en «One From The Heart», porque era algo nuevo para mí y tuve que esforzarme mucho’’. Otra cosa que asusta a Waits es el encargo en sí. Coppola le pide música ‘’de salón’’ donde el piano marque la pauta y la voz de Bette Midler sea el contrapunto a su áspero tono, pero, diría Waits, ‘’ya había decidido empezar a experimentar y apartarme de ese tipo de música’’. Para el músico no era suficiente con que su música fuera toda la banda sonora y pidió a Coppola un pequeño papel en la película. De esta manera podemos verlo interpretando a un viejo trompetista que vaga por las calles. Finalmente, temas contractuales hicieron que Midler fuera sustituída por Cristal Gayle, hermana de Loretta Lynn, pero el producto es, igualmente, fascinante. Waits se encuentra en uno de sus mejores momentos creativos y sus canciones lo notan. A pesar de eso, la película fue un fracaso inicial y Coppola tuve que hacer frente a un número de deudas impresionante, aunque al final acabó funcionando ‘’ligeramente’’.

Precisamente fue Coppola el que ofreció a Waits sus dos siguientes papeles. Corría 1983, y a su primigenia paternidad, el príncipe de la melancolía, como lo apodaba el director, añadió su participación en «The Outsiders» («Rebeldes») y «Rumble Fish» («La Ley De La Calle») en el que interpretó su papel más importante y largo, hasta ese momento. Waits había entrado en la rueda y la crítica empezaba a tenerlo en cuenta como él quería. Pero no era suficiente. Tras aparecer brevemente en «The Stone Boy» de Christopher Cain, Waits empezó su proyecto más ambicioso: ayudar a Coppola en la creación del ambiente de «Cotton Club». Tanto trabajó en el proyecto que éste acabó engulléndolo y se empezó a cansar. A pesar de contar con un papel tan importante como interpretar al dueño del Cotton Club, Waits acabó extasiado por el tiempo de rodaje y las exigencias de Coppola. Su mente estaba en otra cosa. Y esa otra cosa no era nada más y nada menos que la composición de un musical junto a su mujer. Era el embrión de lo que sería «Frank’s Wild Years». «Cotton Club», protagonizada por el guaperas Richard Gere, no supuso, tampoco, el éxito esperado, aunque las críticas para Waits fueron positivas. Quizá eso hizo que el gusanillo del cine siguiera presente en él.

El poeta de los pianos desvencijados nunca podrá olvidar la fiesta que en 1985 se celebró en honor del pintor Jean Michael Basquiat, que había muerto de una sobredosis cuando contaba tan sólo 27 años. Esa fiesta sería vital para que Waits conociera a su otro mentor, a parte de Coppola, en el mundo del cine. Evidentemente, estamos hablando de Jim Jarmusch, que acababa de tener un gran éxito con «Extraños En El Paraíso». El flechazo fue casi instantáneo y Jarmusch quedó prendado de la manera de concebir la música de Waits y de su apariencia física, más cercana a un vagabundo que a una estrella del rock. «Down By Law» («Bajo La Ley») sería el primer trabajo de ambos formando equipo con un Waits en papel protagonista interpretando, de manera magistral, a DJ Zack. Como era de esperar, dos temas suyos también se incluyeron en la banda sonora. Jarmusch quedó encantado de Waits y éste quedó prendado del buen hacer del cineasta. Eso supuso que Waits se tomara como simple pasatiempo su participación en «Iron Weed» («Tallo De Hierro») y «Candy Mountain», a la espera de un nuevo trabajo al lado de Jarmusch. Este se produjo en 1989 y su nombre fue «Mistery Train», donde la voz de Waits adquirió un protagonismo vital interpretando a un locutor de radio.

A partir de ahí, la fama de Waits como secundario de lujo creció como la espuma. «Cold Feet» de Robert Dolhelm, «Bearskin: An Urban Fairytale» de Anne Geddes, «The Two Jakes» de Jack Nicholson, «The Fisher King» de Terry Gilliam… Muchas son las películas en las que Waits acepta trabajar con pequeños papeles que le permiten ir matando el gusanillo a la espera de papeles más importantes como el de Lobo en «Jugando En Los Campos Del Señor» de Hector Babenco, allá por 1991.

Pero Coppola no se había olvidado de Waits y le reservó el papel de Renfield en su «Bram Stroker’s Drácula», cosa que permitió al viejo Tom ser conocido más allá del ambiente underground. El que conozca la carrera discográfica de Tom Waits sabrá que todos estos idilios con el cine no suponían ningún tipo de carga para sus discos, que seguían manteniendo un nivel de calidad altísimo. Pero volvamos a lo que nos ocupa y que es menos conocido: su relación con el cine. El mismo año de la aparición de «Drácula», Jim Jarmusch pide a Waits que componga su segunda banda sonora al completo. El resultado será el excelente «Night On Earth».

Llegamos a 1993 y con este año viene el mejor papel que Waits ha interpretado nunca. Se trata, según las propias palabras de Waits de ‘’Earl Piggot, un chófer de limousina borrachuzo que está casado con Lily Tomlin’’. La película, como ya habréis adivinado, es «Short Cuts» («Vidas Cruzadas») de Robert Altman, que incluso fue nominado al Oscar al mejor director. Waits estaba en la cima como actor underground. Esa condición la mantenía participando, por ejemplo, en películas como «Fishing With John» (1998) o en engendros sobre superhéroes como «Mistery Men» (1999), con un hilarante papel como el Dr. Heller. El cine ya no era una asignatura pendiente para Waits, sino un divertimento que complementaba, perfectamente, su carrera musical. Quizá eso fue lo que ha llevado al de Los Angeles a apartarse en la actualidad un poco del séptimo arte, esa sensación de haber conseguido su propósito. Por ese motivo, en los últimos años quizá sólo merece la pena destacar su participación en uno de los fragmentos de «Coffee And Cigarettes» (2003), de nuevo de Jim Jarmusch, en el que entabla una inolvidable conversación con Iggy Pop, y la comentada participación en «El Tigre Y La Nieve». Pero para Waits, el cine siempre tendrá algo especial, como lo demuestra con la inclusión en ese «Orphans» de un montón de temas destinados a bandas sonoras. Quizá ya ha tenido suficiente o quizá se esté preparando para dar un nuevo paso en una carrera que para él ‘’siempre ha sido de una importancia vital. Necesitaba hacerlo’’. Lo necesitaba y lo hizo.

Texto: Edu Izquierdo. Publicado en Ruta233, diciembre 2006.

 

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