Fue pionera en calzarse unas botas y un sombrero de cowboy y también en lo de cantar rock and roll, tanto es así que fue la primera fémina en cantar con los Jordanaires, quienes le hacían los coros al Rey. Ha paseado su leyenda por todos los Estados Unidos y Europa, llenando locales en lugares tan insospechados como Checoslovaquia, Hungría o Japón, donde su versión de «Fujiyama mama» rasgó aún más los ojos de los nipones. Su currículo es impresionante y en él se citan nombres como Joe Maphis, Buck Owens o el pianista de color Big Al Downing; y por si eso no fuera bastante, es la única que ha trabajado con los dos grandes Elvis de la música. Con el segundo, con Costello, lo ha hecho recientemente en un disco («Heart Trouble» en el que también aparecen los Cramps, Dave Alvin, Lee Rocker o Rosie Flores.
¿Qué recuerdas de tu primera visita a Barcelona?
Lo primero que me viene a la cabeza es que es mi tipo de ciudad. Mi habitación tenía un balcón que daba frente la Catedral: qué bonita manera de empezar el día. Por la noche incluso era más bella. Otro de los aspectos que recuerdo gratamente son sus músicos callejeros. Por aquellas callejuelas siempre había alguien tocando, en cualquier rincón. Barcelona está llena de vida... hasta las tres de la madrugada (risas). Ya te digo: es mi tipo de ciudad y estoy deseando volver.
¿Estás satisfecha con la portada de «Heart Trouble»?
Se hicieron bastantes fotografías para el libreto y al final se escogieron las que aparecen. Para la confección del álbum, trabajé con una chica maravillosa de CMH, mi discográfica, llamada Aretha Sills. Ella se encargó del disco, de la compaginación y dio forma a cuantas sugerencias le hice. Enseguida nos entendimos y como ella sabía lo que quería, le dejé hacer y le estoy muy agradecida.
¿Por qué has vuelto a grabar nuevamente canciones tan clásicas de tu repertorio como «Mean, mean, mean» o «Let’s have a party» sin ningún cambio aparente, es decir, sin formar dúo con nadie? ¿Quizás sean tan personales que no permites que nadie intervenga en ellas?
Creo que deberías de escucharlas de nuevo. En «Mean mean mean» puedes escuchar a Siedah Garret y en «Let’s have a party» Rosie Flores canta conmigo… ¡Te pillé!
Supongo que eres la única artista que ha trabajado con los dos grandes Elvis de la música. ¿Qué similitudes hay entre ellos?
No había reparado en ello; pero ahora que lo dices... sí, es cierto. Ambos coinciden en su forma de trabajar, que es muy relajada, y en todo momento saben muy bien lo que se traen entre manos; están seguros de si mismos. Los dos poseen una buena voz y derrochan talento.
¿Cómo surgió la oportunidad de trabajar con Elvis Costello?
La idea partió de la discográfica. Cuando contactaron con él dijo que sí enseguida. Pensé que le mandarían material publicado en Bear Family a modo de presentación. No sabía que es fan mío, que tiene las dos cajas publicadas por Bear Family y que domina mi repertorio; es tan perfeccionista que no se conformó con grabar la voz en un DAT y enviarlo para las mezclas, pues vino personalmente para registrar el dúo en vivo, en el estudio de grabación. Es un tipo encantador.
¿No te incomodó grabar con The Cramps, dada la imagen siniestra y lasciva que siempre han mostrado y el fervor religioso que acostumbras a exteriorizar tú?
Pienso que esa imagen tan provocadora forma parte de la parafernalia de la industria discográfica; aunque, desgraciadamente, no he tenido el gusto de conocerles en persona para poder discernir entre el mito y la realidad. No había escuchado su música hasta hace bien poco; si bien ya había oído hablar de ellos con anterioridad. Lo importante es que estoy muy satisfecha del resultado final de la revisión que entre ambos hemos grabado de «Funnel of love». Ten en cuenta que durante quince años estuve alejada de los circuitos del rock para centrarme en mi vocación cristiana y dar tan solo conciertos de gospel.
¿Cuales son tus canciones favoritas del disco?
Siento especial devoción por «Heart trouble», una canción entre country y blues que no es lo uno ni lo otro… me encanta. Fue idea de mi productor hacer ese tema que envió un compositor llamado John Wooler. La batería suena diferente, el ritmo, fue todo un reto para mí. La otra es un gospel compuesto por James Intveld, «Walk with me».
¿Estás al corriente de las nuevas voces del rockabilly americano: Marti Brom, Dee Lannon, Cai Lee, Kim Lenz, etc.?
He coincidido con algunas de ellas en festivales. Muchas me envían sus discos, que suelo escuchar cuando estoy en casa, leyendo, haciendo la colada o cambiándome para salir a la calle. Incluso me considero una buena fan de Marti Brom. Tiene mucho talento y una gran voz, es toda una dama. Kim Lenz es otra de las que suelo pinchar sus discos, de las que me gustan de verdad; en cuanto al resto, no puedo opinar de las que no conozco.
¿Conoces a otras cantantes que, aún sin pertenecer a la escena rockabilly, te citan entre sus referentes? Tal es el caso de Courtney Love…
No sé si he sido una buena o una mala influencia para Courtney Love y, la verdad, tampoco me interesa demasiado saberlo (risas).
Parece que piensas grabar un disco con canciones escritas por artistas que pertenezcan a otros géneros, pero que te reconozcan entre sus influencias.
Es una buena idea, me gusta. Estoy pensando en un nuevo álbum y espero que CMH lo quiera editar. Aún no he escogido el repertorio de esos jóvenes artistas a los que he influido, pero sean las canciones que sean, aportaré algo de mí a cada una de ellas.
¿Qué relación tienes en la actualidad con Hank Thompson, tu descubridor?
Hank es junto a Jimmie Rodgers, Rose Maddox y Hank Williams uno de mis cantantes predilectos. Cuando empezaba en esto de la música, me sabía todas sus canciones. En cierta ocasión, mientras hacía mi programa de radio en Oklahoma, me llamó a la emisora y me propuso ir a tocar con su banda. No lo dude ni un instante. Han trascurrido los años y seguimos siendo muy buenos amigos. Hemos compartido la carretera y el escenario y efectuado giras por toda Europa. Durante esos viajes es cuando verdaderamente disfruto de su amistad. Tanto él, como su mujer y mi marido son unos grandes gourmets que disfrutan probando la gastronomía del lugar. Hank siempre lleva una guía de restaurantes del lugar donde tocamos y de la que hacemos uso al finalizar el concierto.
¿Con qué grupos acostumbras a tocar cuando vienes de giras a Europa?
Cruzar el charco suele tener un coste prohibitivo tanto para las bandas americanas como para los promotores que intentan traerlas. Tampoco es tan necesario confeccionar un cartel con artistas ‘’made in USA’’, con los buenos grupos que hay en el viejo continente. Durante más de quince años, en mis conciertos por Europa, he tocado con la formación sueca Red Hot Max And The X, así como con los alemanes The Continentals. En Dinamarca salí de gira con The Alligators y guardo un especial recuerdo del pianista Stan Urban.
¿Te sientes realmente integrada en tu ciudad, Oklahoma City?
Adoro mi ciudad y, cuando llevo un tiempo fuera, la echo en falta. Soy una persona de costumbres, con lo que es un placer regresar y reencontrarme con los amigos, con la comunidad de la iglesia. Soy bastante hogareña, aunque no tanto como para quedarme en casa todo el día. A mi edad aún sigo sintiendo la necesidad de salir a tocar y cantar.
¿Mantienes el contacto con los artistas con que compartiste escenario en los años 50?
Exceptuando Hank Thompson, no tanto como querría. Al finalizar los conciertos me concentro en vender discos, firmar autógrafos, charlar con los fans y hacerme fotos con ellos y cuando acabo, me siento agotada. Guardo un grato recuerdo de las giras que hice con Sleepy LaBeef y Carl Perkins en los 90. Por aquel entonces viajábamos igual que ahora, con nuestras parejas, y compartimos buenos ratos. La muerte de Carl Perkins me afectó muchísimo: era un gran amigo.
¿Sueles escuchar tus discos en casa?
Sí, algunos más que otros. Uno de los que más me pongo es «Salute To The Country Music Hall Of Fame». Es uno de mis favoritos, junto a mis grabaciones para Decca y Capitol, es decir, las dos cajas de Bear Family. Escuchar mis discos es como viajar en el tiempo, a los años 50 y 60. Con el paso del vinilo al CD creo que han ganado. Ahora escucho detalles de la instrumentación que antes me pasaron desapercibidos. También reconozco que soy bastante crítica conmigo misma, con lo que en ocasiones, cuando empiezo a sacar defectos, no disfruto mucho de algunas de grabaciones.
Háblame de tu relación con Rosie Flores.
Coincidimos por primera vez en un show radiofónico en los años 80. Hubo tal química entre ambas, que enseguida empezamos a trabajar juntas, apareciendo ambas en un show televisivo en Nashville. Ella ha grabado voces conmigo y ha colaborado en mis discos, el último incluido. Yo le he devuelto el favor en «Rockabilly Filly», donde interpreté dos canciones. No sólo nos llevamos muy bien y tenemos una gran amistad, sino que también sentimos un gran respeto por la trayectoria artística de la otra.
¿A tus hijos, o tu nieto, les gusta lo que haces?
Cuando escuchan mis discos, me dicen que les gusta mi música… a no ser que me mientan (risas).
Texto: Leo Castro
Publicado en Ruta 207, julio de 2004
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